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miércoles, 6 de junio de 2012

Fotografías para reivindicar el derecho a existir en Palestina

En la primera guerra del Golfo, Occidente se encargó de censurar las imágenes que mostraban la muerte, cualquier fotografía que reflejara lo cruel que puede ser el hombre. De un tiempo a esta parte, la imagen se ha convertido en arma para dar a conocer ciertas realidades. Duras, pero reales. ¿Cómo si no habríamos conseguido materializar en nuestra mente las imágenes de los niños asesinados recientemente en al-Hawla (Siria)? 



En muchas ocasiones, “presencias un acontecimiento y puedes contárselo a otra persona cuando han pasado horas, pero será difícil dibujar la imagen de tu historia en su cabeza”. Son palabras de Ahmad Mesleh, fotógrafo feelance y director de la página Eye on Palestine . Actualmente vive en Ni’lin, un pueblo situado al oeste de Ramallah (Palestina), ciudad donde suele desarrollar su trabajo. De padres palestinos que se vieron obligados a abandonar su tierra hace más de 25 años, Ahmad (que tiene nacionalidad palestina) si bien nació en Ammán (Jordania) el 23 de julio de 1985, pasó la mayor parte de su infancia en Arabia Saudí. Desde pequeño se acostumbró a ver por televisión la lucha del pueblo palestino, y se preguntaba cuándo volvería al hogar de su familia para unirse a esa lucha. Lo hizo en 1999. Desde entonces intenta “provocar el cambio”. Es de los que piensan que una imagen vale más que mil palabras y cubre el conflicto palestino-israelí con una cámara.


Por Lucía El Asri para AISH.es



sábado, 17 de marzo de 2012

Gaza sigue resistiendo


Foto del entrevistado en su cuenta de Facebook
El 27 de diciembre de 2008 Israel bombardeaba más de 50 enclaves de Hamás en Gaza, lo que daba comienzo a la Operación Plomo Fundido, conocido como el ataque más sangriento en la zona desde 1967, que dejó en el camino cerca de 1.300 palestinos muertos, 13 soldados israelíes (por fuego propio), y 4 civiles israelíes, fallecidos todos ellos durante los 25 días que duró la ofensiva sobre el territorio sitiado.
Desde dicha Operación hasta la actualidad han pasado casi 3 años y la situación de Gaza no ha mejorado demasiado.
El pasado 9 de marzo de 2012, varios activistas gazíes comenzaban una campaña informativa en las redes sociales (Facebook y Twitter) para avisar al exterior de que Gaza estaba siendo bombardeada aéreamente por el ejército israelí, información que fue rápidamente contrastada y confirmada con las fotos que llegaban del lugar. El ataque continuó durante 4 días dejando 25 muertos y decenas de heridos. Un ataque iniciado, al parecer, después de que facciones palestinas llevaran a cabo el lanzamiento de cohetes contra territorio israelí como forma de protesta por el asesinato del líder de la organización político-militar de los Comités de Resistencia Popular y de otro miliciano palestino.
El pasado 12 de marzo, Palestina e Israel, con mediación de Egipto, acordaban una tregua que daba cierto respiro a los ciudadanos de ambas partes. Sin embargo, Israel se la ha saltado en dos ocasiones y Gaza una, esta vez sin muertos, por el momento.
Hablamos a través de Skype con Yaser, un joven palestino que vive en Gaza (y nunca ha tenido la posibilidad de salir de allí debido al control israelí) y que nos cuenta que “ésta no es la primera vez que tiene lugar una agresión por parte del Ejército israelí contra los ciudadanos palestinos. Israel siempre usa armas de grupos internacionales contra nosotros, hace llorar a nuestra gente y quema nuestros cadáveres. Es lo que se ha visto en la última agresión que se prolongó durante días, dejando 25 mártires y más de cien heridos”. “Además”, prosigue, “no podemos describir lo que vivimos todos los días en un lugar que se encuentra bajo estado de sitio y es triturado por Israel. Su Ejército ataca nuestros hogares y ciudades continuamente, es imposible decir lo que sentimos ante eso. Todos los días nos despertamos con el sonido de las bombas israelíes sonando aquí y allí”. Le gustaría que la gente del exterior imaginara “cómo se sienten nuestros niños, especialmente durante la noche, mientras duermen en paz, o durante sus clases en las escuelas cuando las bombas israelíes dan a los edificios. Durante la pasada guerra en Gaza tuvo lugar el bombardeo de la escuela Al Fahoura donde mucha gente, incluidos niños, murieron. Lo nuestro no es únicamente una cuestión de comida o estado de sitio, sino de búsqueda de libertad. Para finalizar comenta que: “Lo que necesitamos es libertad y poner fin al apartheid israelí. No nos sentimos solos porque recibimos la ayuda y el apoyo de nuestros hermanos y amigos del mundo, y tratamos de vivir como ellos, pero algún día nos gustaría sentir que vivimos la misma vida que los demás países libres”.
Lucía El Asri

domingo, 29 de enero de 2012

"El cáncer en Palestina es la colonización"


Del río al mar. De norte a sur, tal y como ha titulado su reciente trabajo Nabil Mansour. Con la causa palestina. Porque desde Líbano hasta Egipto, del Mediterráneo a Jordania, Palestina es una tierra histórica que necesita igualdad de oportunidades, derechos y obligaciones para todos sus habitantes, comenta. Es un joven músico catalán, de origen palestino. Estudió en el conservatorio del Liceo y en el Taller de Músicos y reconoce que lo que ama por encima de todo es la música y Palestina.

Risueño y cercano. Tanto, que resulta difícil pensar que pudiera estar en contacto con organizaciones terroristas. Sin embargo, las autoridadesisraelíes denegaron su entrada en Palestina hace un tiempo cuando, tras viajar a Jordania, intentó entrar en Palestina y, “después de 5 horas de interrogatorio, consideraron que tenían sospechas sobre ello, nada más lejos de la realidad”. La razón: hace activismo defendiendo la causa Palestina a través de su música. “Yo lo único que hago es cantar”. Si el canto y la guitarra le hacen a uno terrorista, entonces tal vez lo sea, dice. Pero si eso no es así, y simplemente es cultura y libertad de expresión, “entonces ellos cometieron una injusticia conmigo”, determina.



Por Lucía El Asri para AISH

martes, 18 de octubre de 2011

El Rais, la lucha sigue viva


Los últimos acontecimientos que se centran en la histórica tierra de Palestina hacen obligatorio recordar a un hombre que regaló su vida para conseguir que la patria de Ibrahim estuviera en paz.
Yasser Arafat murió sin cumplir un sueño, ver a su amada Palestina libre de sus ocupantes. Hace escasos días, Mahmud Abbas, pidió ante la ONU que Palestina fuera reconocida como estado miembro de pleno derecho, un lugar donde las bombas se cruzan con las piedras y rinden homenaje a una guerra sin fin.
Yasser Arafat nace en Egipto en 1929, tras el exilio de sus padres palestinos. El penúltimo de 7 hermanos, a los 4 quedó huérfano de madre, y marchó joven a la tierra prometida: Jerusalén, de la que se vio obligado a salir años más tarde. Su historia no puede entenderse sin entender la de Palestina, y viceversa. Le dedicó su vida y murió por ella.
Aún adolescente, Arafat vuelve sólo a su tierra de origen, que es a la vez cárcel y paraíso. Allí se contagia de los deseos libertarios, del amor por la gente que se ve exiliada en su propia tierra desde que Theodor Heltz instara a los judíos a apoderarse de Sión (Israel), ya que en sus palabras “serían hombres libres de nuevo”.
Tras graduarse como ingeniero civil, su preocupación se centra en la política. Se acerca al conocimiento de las religiones, conversando con sionistas y musulmanes para comprender mejor su causa, especialmente después de que los británicos abandonaran Palestina dividiéndola en dos. Sin embargo, el estado palestino nunca vio la luz del día. Aquí comienza la lucha sangrienta e indefinida entre palestinos y judíos que un día vivieron en armonía en el sagrado lugar bíblico.
Yasser se ve obligado a refugiarse en Gaza y, tras su expulsión del Egipto de Nasser, se dirige a Kuwait donde fundará con otros exiliados palestinos la que con el tiempo se convertiría en Al Fatah, el brazo de resistencia armada de Palestina. Lo liderará y conducirá para intentar conseguir la liberación del territorio ocupado.
Tras pasar a la clandestinidad, es nombrado presidente de la OLP y nombrado también, por la Liga Árabe, único y legítimo representante del pueblo palestino, que luego sería admitido por ésta como miembro. Mientras tanto, Israel iba comiendo territorio palestino expulsando a sus legítimos habitantes. Arafat no soportaba lo que consideraba una injusticia y pronunció un discurso en el día de conmemoración de la Naqba en 2003 donde dijo: “Fares 'Ouda, el muchacho que desafió un tanque con una piedra y cayó como un mártir por la causa de los lugares santos, la patria, y la libertad. La verdad palestina exclama hoy. Está tan claro como el sol a lo largo del mundo y nadie la ignorará”.
Sufrió la desdicha de la tierra prometida donde convergen las tres religiones. Violada y robada. Quiso combatir las balas mediante la palabra. Vivió la Guerra de los Seis Días, las Intifadas, los acuerdos de paz, el exilio y la expulsión. Se casó con una mujer cristiana ortodoxa, con quien tuvo una hija, y Adolfo Suárez fue el primer político occidental que le recibió como presidente de la OLP.
Renunció al terrorismo, reconoció Israel como Estado y defendió un proceso de paz con su homólogo israelí, Isaac Robin, que costó la vida a este último. En 1994, Arafat y Simon Péres recibieron el Premio Nobel de la Paz por su mediación en el conflicto de Oriente Próximo. En 1996 fue nombrado presidente de la Autoridad Nacional Palestina. En sus últimos días obtuvo una particular victoria después del asedio al que le sometió el ejército israelí en Ramala. Tras pasar días encerrado en su cuartel general, consiguió salir a la calle custodiado por cientos de activistas pacíficos hasta la Basílica de la Natividad, donde escapó en helicóptero.
En 2004 se trasladó a un hospital militar de París por un empeoramiento repentino de salud. Allí murió a los 75 años. No sabemos certeramente las causas del fallecimiento ya que no se le practicó autopsia alguna.

Un pañuelo de cuadros en todo momento cubre su cabeza. El símbolo de la victoria creado con sus dedos. Luchador incansable. Buscador infinito de la paz. Muerto en extrañas circunstancias. Lejos de su gente, lo dio todo por Palestina, la tierra que le vio crecer. Su origen. Hoy continúa vivo para los que sueñan con un estado palestino dueño y señor de sus tierras, para los que quieren ver destruido el muro de la vergüenza que separa a padres e hijos, que impide el progreso y la reconciliación. Para los que quieren recuperar su tierra, que en árabe significa dignidad. Tenía esperanza y en 1974 dijo ante la Asamblea General de la ONU: “Vengo con el fusil del combatiente de la libertad en una mano y la rama de olivo en la otra. No dejen que la rama de olivo caiga”.

Lucía El Asri.